Los humanos somos indiscutiblemente impredecibles, en consecuencia nuestras actitudes se manifiestan de igual modo. La herencia, el entorno y nuestra propia esencia son los elementos fundamentales que moldean nuestras conductas....

En cada cuento o escrito se encuentran enmarcados un comportamiento diferente, una naturaleza diferente, un demonio diferente....

martes, 27 de enero de 2015

Envidia.


Napoleón Bonaparte dijo: La envidia es una declaración de inferioridad.

Cuánta razón hay dentro del pensamiento del emperador de Francia, se me ocurre que cuando lo escribió estaría pensando en todos aquellos que no se aceptan a sí mismo.
Como sentimiento destructivo creo que es uno de los peores, pues no sólo afecta a quien lo padece, sino también a quienes va dirigido, pues quien envidia de alguna manera dejará traslucir su sentir…..


Es penoso que no puedan internalizar el significado de “individuo” , que los seres humanos somos “individuales”, “únicos”, por consiguiente cada uno de nosotros cumpliremos un rol determinado dentro del universo, con aciertos y desaciertos, cada uno con talentos, condiciones, circunstancias y medios completamente diferentes, pero aún así son valiosos de todas las formas posibles, por ello, creo que debemos conocernos, reconocernos y aceptar nuestras limitaciones, para procurarnos una calidad de vida sana y tranquila.


A quién no le gustaría tener la voz de María Callas, la ductilidad corporal de Julio Bocca, el talento artístico de Meryl Streep o el dinero de Steve Jobs, supongo que a todos, sucede que ellos son ejemplares únicos igual que nosotros, pero el envidioso derrocha incorrectamente sus energías pretendiendo ser como…., o tener lo mismo que tiene…., alegrándose por los fracasos o sufriendo los éxitos ajenos, provocándole un daño y sufrimiento interno importante, mientras que si se limita a “admirar” otros talentos u otros logros personales, tal vez podría centrar sus energías en sí mismo y mejorar muchas de sus propias condiciones, lo cual le daría paso al crecimiento y a la libertad……




domingo, 31 de agosto de 2014

Mal Humor.


“El buen humor es un deber que tenemos para con el prójimo”. (Wallace Stevens)

Revisando mis apuntes de “frases de personajes célebres”, me crucé con el poeta estadounidense, con quien coincido en su reflexión, pero le agregaría “….y para con nosotros mismos”.

Quiero reflexionar sobre este punto en particular, porque no nos estamos dando cuenta lo que significa “estar bien o de buen humor” para nuestra salud en general y para nuestro entorno. ¿Quién no ha sido presa del mal humor? No existe ser sobre la tierra que no haya experimentado este estado, pero muy diferente es que determinadas situaciones nos provoquen ofuscación, tristeza o mal estar pasajeros, lo llamativo es cuando entramos en ese estado en forma permanente.

Los expertos opinan que se trata de una alteración de la química cerebral y que tiene ver con un funcionamiento particular del cerebro y con un déficit hormonal. Esto me lleva a pensar que quienes padecen esta “enfermedad” son capaces de ver una tremenda tormenta en lo que bien puede ser un hermoso día soleado, o de generar una situación conflictiva sin razón, o estar con “mala cara” todo el tiempo.

A diario nos encontramos con este tipo de personajes y es posible que el sufrimiento sea una condena para ellos, pero no creo que sea consciente; hasta donde he podido observar se escudan en los problemas de pareja, en la crisis, en la inestabilidad laboral, en ect., etc., sin caer en la cuenta que nada de eso es la causa sino que está dentro de nosotros mismos.

La insatisfacción, madre de muchos males, en combinación con otros estados deben ser los disparadores y eso debiéramos revisar en nuestros comportamientos, porque no es sencillo convivir en todo momento con personas afectadas, sensibles a la agresión constante, a la defensiva, a la crítica violenta, a malos modales, etc.

Es importante reflexionar sobre este particular, pero mucho más importantes es “vernos” y tratar de corregir esta conducta o pedir ayuda profesional porque definitivamente estaremos involucionando y nada ni nadie “debe” cambiarnos el humor porque de lo contrario nuestras vidas se reducirán a quejas y rezongos y consecuentemente acabaremos solos.



Imágen: Tapa del libro "Y Líbranos del Mal Humor Amen, La Parroquia del Monaguillo", de Sergio Fernández y Arturo González Campos.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Carne Picada


                                                            
"Todo vicio trae siempre su consiguiente excusa".
Publio Siro.

Cuesta aceptar que en èsta época, en que se supone deberíamos estar plantados en el mundo con claras y firmes perspectivas, cifradas en el crecimiento intelectual, espiritual y moral de la humanidad, continúe aùn el tremendo flagelo de la esclavitud, fenómeno que podemos encontrar en todos los niveles socio económicos.

La fuerza que ha tomado la trata de personas reviste formas desmesuradas, cuyo eje central es la prostitución, aunque es confluente de muchos puntos como la migración, abuso sexual, maltrato infantil, pornografía, trabajo forzado, secuestro, violación sexual, violencia familiar, delincuencia juvenil, delincuencia organizada, etc. Charlando con profesionales en psicología, comentaban que ya no se trata de asistir a la vìctima y castigar al victimario, sino de elaborar planes de trabajo debidamente organizados a niveles globales.

El hecho de no ser protagonistas de estas aberrantes acciones, no nos exime de responsabilidades, en la medida que seamos consumistas de los productos de la delincuencia o que como simple espectadores no denunciemos estos sucesos, nos estamos convirtiendo, lisa y llanamente en cómplices; evidentemente no son otra cosa mas que el resultado de mentes desviadas y perversas que abusan de la debilidad de sus víctimas y de sus consumidores, para satisfacer la enferma necesidad de desplegar y demostrar poder…., què poder?



miércoles, 23 de enero de 2013

Nosotros vs. Nosotros.


"Los grandes espíritus siempre han encontrado una violenta oposición de parte de mentes mediocres." Albert Einstein.


Hay una tendencia social que asusta, es el permanente estado de confrontación en el cual nos hemos instalado los seres humanos, sin embargo lo curioso es que confrontamos por el simple hecho de confrontar, sin previo análisis, sin conocimientos, sin respeto por el pensamiento o la idea del otro, generando discusiones estériles que terminan lastimando a los interlocutores y cuya conducta tipifica a una gran franja de la sociedad global.

Este comportamiento ha diluido el diálogo atentando severamente contra la comunicación entre las personas, hecho que palpamos a diario y en absolutamente todos los ámbitos, transformándose en una situación de hostilidad constante. No creo que exista un motivo específico que determine nuestros comportamientos, sino que es la conjunción de diversas circunstancias que nos estimulan, restándonos  capacidades tales como  comprensión, respeto, solidaridad o aceptación, condiciones muy esenciales para vincularnos con nuestros semejantes.

Por otra parte, creo que estamos perdiendo la noción de “quiénes somos” y corriendo el riesgo de convertirnos en extraños y como consecuencia, en los peores enemigos de nosotros mismos. Ningún ser viviente nació con el “manual” debajo del brazo, cada quien hará lo que desee o puede y será lo que desee o puede de acuerdo a las circunstancias que nos toque vivir, siendo un deber  aceptarlas, en beneficio de nuestro propio bienestar, sin perseguir intangibles enloquecedores y mucho menos convertirnos en presa de la manipulación emocional mediática.

Tampoco creo en los manuales de “autoayuda”, pues nadie tiene la clave de la buena vida, cada uno de nosotros sabrá cual es, en la medida que nos conozcamos profundamente, en la medida que fortalezcamos nuestra propia seguridad, en la medida que aprendamos a saborear la vida desde lo cotidiano y desde lo que somos, entonces nuestras insatisfacciones irán decreciendo y es posible que mejoremos nuestros estados de ánimo y logremos tal vez, conectarnos mejor con nuestros semejantes, ayudándonos, en principio, con empatía y asertividad. 

viernes, 18 de enero de 2013

Open Mind.

Nació y se crió en una provincia del interior del país, sus padres la bautizaron con el nombre de Marcela. Desde su nacimiento supieron que sería una mujer de espíritu inquieto y propietaria de una personalidad arrolladora. El tiempo fue testigo de ello.

Estudió y trabajó de sol a sol, respondiendo a los mandatos paternos, supo ganarse la vida con mucha dignidad. Cuando hubo entrado en sus veinticinco años de vida se casó con Agustín, su novio de toda la vida, ambas familias eran muy queridas por todo el pueblo, manifestando su felicidad por esa unión, que no se comparaba a la de Agustín, pues no pudo ocultar su desborde por casarse con la rubia mas bonita del lugar.

La felicidad de ambos se alimentaba cada día, eran el uno para el otro. Acariciaron el cielo cuando llegó Esteban, el primer hijo con quien redondeaban una familia perfecta,ambos cumplieron sus roles, tal como les habían enseñado, supieron desarrollarlos de modo impecable sin descuidar nada.

Cuando Esteban estuvo a punto de ingresar al jardín de infantes, recibieron una nueva bendición, la llegada de Bernardo el segundo hijo. Esteban tenía toda la fisonomía de Marcela, en cambio Bernardo era una réplica de su padre, pero no así sus caracteres, pues pese a sus propias personalidades, el primero era sereno y especulador como su padre y el más pequeño impetuoso y arremolinado como su madre.

Estaba finalizando enero, el calor del verano era abrasador, pero en toda la provincia la fiesta tradicional de carnaval era una cita impostergable, a ellos fue imposible disfrutar de esta mágica festividad, tal vez quede para el próximo año, cantar y bailar con las comparsas o sumergirse en el colorido de las carrozas y en los majestuosos trajes de los bailarines formaban parte de sus vidas. No quedaba alternativa, Agustín fue destinado a Buenos Aires y el traslado con su familia era inminente.

La magia de Buenos Aires y la amplia gama de escenarios ofrecidos fueron muy buenos motivos para la buena adaptación de la familia. Marcela dedicó su tiempo a su familia, su casa y a un pequeño emprendimiento comercial, siempre quiso sentirse a la vanguardia, en tanto Agustín desarrollaba satisfactoriamente el puesto de trabajo asignado y en constante crecimiento. Sin embargo Marcela comenzó a notar pequeños cambios de actitud en Agustín, que en un principio le restaba importancia, pero al hacerse más notorias no dudó en hacerle planteos, pues ella era amante de la armonía y del bienestar y la mutua complacencia. Indudablemente su marido hizo lo imposible para calmarle sus pensamientos en cuanto a que la pareja había dejado de funcionar porque no era así, pero tantas salidas nocturnas le dio la pauta que algo sucedía. Sabía que la amaba y que tenían muy buen sexo, pero tal vez eso no le alcanzaba.

Decidida e inteligentemente preparó el escenario en su casa, en ella era habitual esto, sus hijos fueron a pasar la noche en casa de amiguitos, dándole la libertad para la ambientación, eligió su mejor vestido e impecable ropa interior, perfumes y aromatizantes no faltaron, preparó una cena afrodisíaca, buen vino y champagne. Al regresar Agustín de sus labores, fue abordado por Marcela entre la dulzura y el descaro, pero su sorpresa fue mayor, pues al entrar al dormitorio encuentra recostada en la cama, casi en pose, a una señorita semi desnuda, ambas lo invitan y casi sin entender él se acerca a tomar las manos extendidas de ambas.

Implementaron todos los juegos eróticos posibles, lo colmaron de besos, sentía que el cielo se le desplomaba encima, juntas y separadas le proporcionaron un placer inexplicable, sensación era extremadamente maravillosa, se sintieron mimados, se sintieron más que amados, los tres disfrutaron esta práctica y mas aún el matrimonio.

Esta situación la repitieron en varias oportunidades, pero en cada una de ellas, la invitada era diferente….. A los cuarenta y tantos años de edad Marcela abrió un abanico, tal vez criticable en la sociedad, pero de algo estaba segura amaba a su marido eran felices y deseaba disfrutar y compartir junto a él los placeres de la vida…..



domingo, 30 de diciembre de 2012

Luz y sombra.


Comenzaba a caer la tarde otoñal, mientras Leticia tomaba su bolso y se despedía de Alcira con un tierno beso acompañado de muchas caricias, la puerta de la habitación se cerraba tras de si y Alcira dirigía su mirada hacia la ventana para verla como se marchaba y a su vez expectante del saludo que le diera su amada sobrina desde el jardín, agitando la mano y dedicándose mutuas sonrisas.

Leticia había desaparecido de su vista, pero la anciana seguía con su mirada fija en la ventana de la casona de reposo que la albergaba, contemplaba los árboles y sumergida en sus recuerdos algunas lágrimas rodaban por sus mejillas…..

Se había casado muy jovencita con su primer novio, luego de dar a luz a su hija Aída una enfermedad uterina la mantuvo aislada de su familia por lo delicado de su estado, lo que no le permitiría tener mas hijos ni complacer a su esposo por algún tiempo. Aprovechándose de esta situación, Celestino se marchó de su hogar llevando consigo a Aída muy lejos…

Presa de locura Alcira emprende la búsqueda de su hija, de Buenos Aires nada le quedó por recorrer, a pesar de los infructuosos resultados no se daba por vencida, su búsqueda se extendía más y más hacía unas horas que había llegado a la ciudad de Pergamino al norte de la provincia de Buenos Aires, una ciudad tranquila y su población amigable por excelencia, donde se decía que podía encontrar a Celestino y a Aída, pues allí vivieron él y sus padres muchos años, sin embargo nada de eso ocurrió….

El destino se ocupó que conociera a Miguel, soltero, comerciante, parecía buena persona y vaya si lo era, sucedió en un encuentro familiar en casa de sus hermanos, Miguel al verla supo inmediatamente que Alcira sería la mujer que lo acompañaría el resto de su vida, pero Alcira aún no había caído en la cuenta. Aceptando su condición de mujer separada le propuso convivencia y apoyo incondicional en la búsqueda de Aída, ella no dudó en tomar la decisión y ambos emprendieron una nueva etapa.

Uno de los temas que la atormentaban era la imposibilidad de volver a tener hijos y frustrar ese deseo en Miguel, sin embargo a él nunca le importó porque era muy feliz con ella y tan grande era su amor que le propuso criar Julián, hijo de una de las hermanas menores de Alcira que lo había tenido siendo soltera y así fue como Julián se integró a sus vidas, creció y se desarrolló dentro del seno de una familia acomodada, pues Miguel les procuraba un muy buen pasar, que para la década del 50’ era un privilegio, sin embargo ninguno olvidó sus orígenes ni perdieron el rumbo. Alcira, pese a su nivel de vida, siempre estuvo cerca de sus hermanos conservando esa generosidad innata por la que se caracterizaba.

La vida comenzaba a devolverle más felicidad, Julián a poco de graduarse en la licenciatura en recursos humanos, anuncia su casamiento con Amelia, una jovencita sencilla, común y de familia humilde; momentos en que también, recién llegado de San Nicolás de los Arroyos, ciudad de la provincia de Buenos Aires, Miguel le trae noticias de Aída, para Alcira ya no había más motivos para completar su felicidad!

El encuentro con su hija no cumplió todas sus expectativas, en un primer momento, pero tampoco sufrió grandes decepciones, Alcira intuyó que su hija le ofrecería argumentos diferentes acerca del distanciamiento, pero cada una escucho a la otra con atención y ambas arribaron a la misma conclusión: Celestino las había traicionado llevándose la verdad a la tumba.

Miguel había comprado para Julián la casa lindera y mandó a hacer las reformas necesarias, ese sería su regalo de casamiento, era una casa no muy grande con un estar cómodo y salón comedor, dos dormitorios, una amplia cocina, un pequeño jardín por delante y un patio por detrás de la propiedad.

La vida la había premiado con dos hermosas nietas Sabrina y Aylin, al menos así lo consideraba ella, puesto que Julián no era su hijo sino de su hermana, no obstante tenía otros, los hijos de Aída, a los que veía cuando visitaba a su hija en San Nicolás de los Arroyos. A causa de una larga enfermedad Miguel deja este mundo y Alcira decidió dejar esa casa que le resultaba grande y mudarse a un departamento más chico, comenzando de ese modo a disfrutar su obligada independencia, dedicando su tiempo a su propia persona, a sus hermanos y a su postergada hija.

En uno de sus viajes a San Nicolás, Alcira llevó una serie de papeles que su abogado le había dado para arreglar asuntos de sucesión, por el deseo de vender su actual departamento, de ese modo compraría otro mucho mas grande , pues había accedido a vivir con Sabrina y Ariel su marido, sin embargo Aída renunció a todos sus derechos sucesorios, pensando que lo justo era dejarle su parte a Julián ya que él había vivido siempre a su lado….
La vida le siguió premiando, su casa se llenaba de alegría con la llegada de Denisse, la primer hija de Sabrina y sin dudar en colaborar con los cuidados de la niña, pese a sus ochenta y tres años muy buen puestos, gracias a la generosidad de la naturaleza, pues parecía veinte años más joven.

Se sentía enteramente feliz, si hubiera hecho un balance seguramente sus saldos resultarían positivos, su vida fue intensa y nutrida con muchas variantes, siempre estuvo muy cerca de todos los que amó y de los que sigue amando, junto a sus padres, hermanos, hijos, sobrinos, nietos y bisnietos; vio partir a sus padres y a cada uno de sus hermanos, aún cuando ella era una de las mayores de los diez que eran en total….
Sin embargo el destino le jugaba una mala pasada, un accidente cerebro vascular la dejó hemipléjica y en un estado de total indefensión. Esta situación descolocó a toda la familia obligando a Sabrina a devolverla a casa de su padre en donde permaneció a disgusto de Amelia.

La noticia angustió severamente a Leticia, hija de su hermana menor, quien a partir de ese lamentable momento la visitaba, al menos, una vez a la semana, siempre llegaba acompañada de quien quisiera ir a verla, ella misma se encargaba de recoger a cada uno en su auto, convencida que cada vez le obsequiaba mucho amor multiplicado. Sin embargo no caía en la cuenta que sus visitas con tanta gente molestaba, no exactamente a Alcira, quien se alegraba de verlos y se emocionaba hasta lagrimear, sino al entorno, hasta que un día Sabrina se lo dijo abiertamente, pero fue Julián quien informó a Leticia que su hija había vendido la casa que había comprado con Alcira, oportunidad en que compró otra mucho más grande, lujosa y sólo para ellos; le comentó también, que en breve sería internada en un asilo de ancianos, porque la familia consideraba que sería lo mejor para todos. A partir de ese día Julián y Leticia jamás se volvieron a ver….

jueves, 29 de noviembre de 2012

Respeto.


"La bondad es el principio del tacto, y el respeto por los otros es la primera condición para saber vivir".
Henry F. Amiel. 


Es notable como día tras día se acrecienta el poco respeto hacia nuestros semejantes, sin ningún tipo de distinción. Sinceramente me alarma, porque esta situación nos indica que nuestras emociones, sentimientos y como contrapartida de ellos, nuestra inteligencia no funcionan como debieran; un detalle de importancia es que existe un agravante de este conflicto, factores externos como algunos medios masivos que estimulan estas conductas.

El eje principal de una buena interrelación, sea de la índole que fuere, es empatizar con nuestro interlocutor, sin embargo, esta práctica se ha ido diluyendo e instalándose en la sociedad un “yoyoìsmo” sin límites, que deviene en una situación de conflicto, ya que el desinterés hacia el otro, la mordacidad y hasta la agresión pasan a desempeñar el rol principal.

Seguramente habremos visto o habremos sido partícipes de diálogos cercenados por una de las partes y convertirse en monólogos cuyo fin es resaltar su pensamiento, sus acciones, imponer su voluntad, criticar inadecuadamente, humillar, descalificar, negar o invadir el espacio del otro o propagar comentarios negativos. Lo curioso es que este tipo de personalidades niegan absolutamente esa condición, aún cuando se lo señalen con frecuencia.

No existe ser humano sobre esta maravillosa tierra que no tenga conflictos, sin embargo ellos nos maduran, nos fortalecen, nos invitan a aprender y creo que el miedo tiene una gran responsabilidad en este tema.



viernes, 16 de noviembre de 2012

Transparencia.


“Hay situaciones en la vida en que la verdad y la sencillez forman la mejor pareja”.
Jean de la Bruyere.

Esta servidora se encuentra situada muy lejos del fútbol y de todas sus implicancias; sin embargo hay hechos concretos o episodios de los cuales nadie puede sustraerse, me refiero puntualmente a la terrible violencia que afecta esta práctica tan popular y que todos debiéramos cuidar y comprometernos para terminar con este insaciable flagelo. Entiendo que, mucho más allá de la conducta humana, existen factores que quiebran cualquier tipo de regla moral, que seducen a los débiles cegados por el poder económico o por el poder mismo.

Hace algunos días, quienes conocen mi línea de pensamiento, enviaron a mi casilla un correo con una entrevista que Tiempo Argentino le hiciera a Javier Cantero, Presidente del Club Independiente. Hombre simple y transparente si lo hay, propietario de la loca idea de erradicar la violencia o las “barrabravas” del fútbol argentino. Es por ello que me permití copiar la nota, porque desde la sencillez y la transparencia, éste hombre emprendió una lucha muy pero muy difícil y cuyo costo es muy elevado, pero que en definitiva nos beneficia a todos. Sibaris.

“Javier Cantero, el presidente de Independiente, se muestra como nunca antes. Cuenta sus gustos, lo que representa la derrota, sus sueños de escritor, sus ideas políticas y cómo es su familia./ Por: ‘Tiempo Argentino’.

–Durante una charla en la Universidad Nacional de Avellaneda elogió a Dante Panzeri, ¿lo leía?
–Me gustan esos rebeldes como Panzeri o Jauretche. Aunque con Panzeri a veces no coincidía políticamente. Era un liberal. Pero tan honesto que si tenía que hablar mal de los que pensaban como él, lo hacía, y si tenía que hablar bien de alguien de izquierda, hablaba. Era muy honesto. Yo volvía del colegio y lo veía por televisión. También me gustaba mucho Osvaldo Ardizzone, que era fanático de Bochini, odiaba la táctica y le gustaba la creatividad,

–¿Qué diarios recibe?
–Dos, La Nación y Clarín, por una costumbre vieja que traigo. Los sábados y domingos recibo Perfil, que me encanta porque tiene muchos suplementos. Además, ya de mi época de militante, a mí me gusta leer a mis enemigos. Para leer a los que piensan como yo, paso. Me encanta saber qué piensan otro. Y también putearlos un poco.

–¿Lee sobre usted?
–Lo leo porque todos tenemos ego y quiero saber qué dicen de mí.

–¿Qué le molesta?
–Algunas mentiras. Como cuando Loquillo estaba muy grave y dije “ojalá que se mejore”. Entonces el título de Perfil fue: “El presidente de Independiente vela por la salud del barrabrava”. Una locura lo que se interpreta. Pero además no quiero que se muera, ¿qué querían que dijera? ¿Ojalá que se muera? Eso es mala leche.

–¿Qué posición tiene sobre la Ley de Medios?
–Yo me comí en un momento el discurso liberal de que tiene que haber libertad para todo. Pero con la libertad de empresa se van juntando los grandes pulpos y se comen a los más chicos. En algo tan delicado como es la opinión pública, que la manejan a piacere con intereses económicos y no políticos. No me cabe duda de que la distribución para que haya muchos medios es mejor. Así que la acompaño.

–¿Por dónde empieza los diarios? ¿Política o deportes?
–Primero veo la tapa y después la sección política. Hay tipos con los que no coincido pero son coherentes, como Rosendo Fraga, tal vez el mejor pensador que tiene la derecha.

–¿Quiénes le gustan?
–Hoy me gusta Víctor Hugo Morales. Y me gustan los libros de Rodolfo Walsh. Leí Operación Masacre, Quién mató a Rosendo, El Caso Satanovsky. Yo tengo una hija “hippie bolche” que una vez se enojó con mi biblioteca.

–¿Su hija es militante de izquierda?
–No, bueno, a su manera. Ahora está en Bolivia de viaje. Tiene una pareja mexicana y una nena que va a cumplir un año, Awca, cuya traducción en tehuelche es “rebelde”. Ella defiende a los indígenas y está en contra de las mineras. Se recibió de directora de cine, pero es “mantera” y hace artesanías.

–¿Cuánto tiene de usted?
–Soy viejo para ser hippie y no soy bolche (risas). Quizá ella heredó mi rebeldía de juventud, que nunca se me terminó de ir. Nunca fui un marxista. El marxismo y el liberalismo son materialistas. Yo soy todo lo contrario. Lo material lo tomo como algo para conseguir elementos fundamentales para la vida (comida, salud, educación), no como un fin en sí mismo. El amor está por sobre lo material. El que busca sólo acumular riqueza muestra sus falencias emocionales. Como dice el tango “no lo han querido bien”.

–¿Y por qué se enojó su hija con la biblioteca?
–Porque encontró de todo. Hasta Mi lucha, de Hitler, y otro que hablaba a favor de la represión durante la dictadura militar. “Tenés que quemarlo”, me decía. Pero no, y le expliqué que uno tiene que leer a todos. Pero la coherencia me parece importante y tiene que estar bien escrito. Tal vez porque soy un escritor frustrado.

–¿Y ahora qué lee?
–No, ahora este tipo de cosas (muestra el presupuesto de una pretemporada) son las que me llevo a mi casa.

–¿Cómo se desconecta?
–Mirá, hace rato que no veo una película. Antes iba al teatro dos veces por semana y ahora no lo puedo hacer. Me gusta el boxeo. Yo iba mucho al Luna Park, de chico me decían “Saldaña”, porque lo iba a ver siempre, igual que a Nicolino Locche. Pero mi cable a tierra son mis nietos, es incomparable. Cuando me dicen que el momento más feliz de la vida es la niñez, en mi caso no es así, sino a partir del nacimiento de mis nietos, ser abuelo.

–¿Cómo lleva la derrota?
–La llevo con más altura que a la victoria, me agranda. Como dice Marcelo Bielsa, la derrota es más enriquecedora. Lo primero que hay que saber cuando uno gana es qué va a hacer cuando te va mal. Los grandes artistas fueron más creativos cuando estuvieron mal.

–¿Qué lo emociona?
–He llorado leyendo un cuento o viendo un película o una obra de teatro. Hace poco en la playa leí un cuento de Eduardo Sacheri, “De chilena”, y me hizo llorar. Con Unión, cuando ganamos, lloré en el vestuario. Un poco a solas, como desahogo. Fueron cinco meses sin ganar. El Tolo se dio cuenta y me vino a abrazar. Son muchas cosas que le pasan a uno. No dormís, te vas en patrulleros. El Tolo me dijo: “Disfrútelo, porque acá hay muchos que están esperando que a usted y a mí nos vaya mal. Más a usted que a mí.”

–¿Y eso es verdad?
–Sí, sí, por supuesto. No el hincha común sino quien está en la política y no le gustó perder.

–¿Qué le da bronca?
–Cuando se humilla a los más humildes. Te dan ganas de ser el Che Guevara. La injusticia. Todo este sistema, los jueces que siempre se lo agarran con quienes tienen algún aspecto que no les gusta. Por eso me pegan a veces, porque yo defiendo a algunos muchachos que son humildes y no son culpables. Peor son los plateístas que cuando jugamos con Racing le tiraron a Basile una botella en la cabeza. Los ves ahora y están con traje y corbata.

–¿Entraría en la política?
–No lo pienso. Con Independiente tengo bastantes problemas. Sé que a los políticos no les va a gustar esto que digo, pero es un desafío mucho más grande manejar a Independiente que ser diputado nacional. Muchísimo mayor. Acá hay elecciones toda la semana.

–¿Escribiría un libro?
–No lo descarto. Me gustaría escribir una novela con las cosas que viví acá.

–¿Cómo duerme por las noches?
–Abrazado a mi mujer.

Por:  Jonathan Wiktor/Alejandro Wall
‘TIEMPO ARGENTINO’ "

lunes, 5 de noviembre de 2012

Comencé a extrañarte...




                 Músico, director, actor, cantante, poeta, un talento indiscutible, convencido y creyente de sus grandes obras; sin embargo hoy nos dejó a causa de una enfermedad que venía sobrellevando  desde hace unos años.

                 Es, sin dudas una figura emblemática de la cultura nacional, poseedor de un particular estilo que lo consagró como uno de los más grandes directores de nuestro cine y nos dejó títulos tales como “El romande del Aniceto y la Francisca”, “Crónica de un niño solo”, “Perón, sinfonía de un sentimiento”, etc., en cuyo contenido dejaba  traslucir su pasión y su ideología .

               Aprendí a admirarlo en mi adolescencia, cuando, con su voz seductora, nos enamoraba con  temas que El había compuesto, “Fuiste mía un verano”, “Ella…Ella ya me olvidó”, “ Ni el clavel ni la rosa”, “Quiero aprender de memoria”, “Chiquillada”, etc.

               Me entristeció la noticia de su partida, jamás olvidaré su paso por este mundo y seguiré admirándolo profundamente como el primer día en que lo descubrí. Siempre estarás en nuestros corazones y te agradecemos infinitamente tu gran legado.



Hasta siempre...





miércoles, 17 de octubre de 2012

Segundo aniversario


Mientras preparaba esta imagen me cuestionaba  que me dediqué dos años a "dar palazos". Pero inmediatamente encontré la respuesta y es que necesito escribir mis pensamientos, mis sentires y mis "apreciares", que  como integrante muy imperfecta de esta gran humanidad, debiera intentar mejorar un poquito cada día y tratar de alcanzar el bienestar personal tan soñado.
Nunca dejaré de agradecer a los valientes que se acercan a este infierno a leer y participar en las demoníacas ideas de esta servidora.

sábado, 13 de octubre de 2012

Amor.


“En asuntos de amor los locos son los que tienen más experiencia. De amor no preguntes nunca a los cuerdos; los cuerdos aman cuerdamente, que es como no haber amado nunca”. Jacinto Benavente.

Llegó a mis manos uno de los relatos del libro “Encuentros (el lado B del amor)” de Gabriel Rolón, lic. en psicología de la UBA y escritor. En este caso, el autor nos obsequia una experiencia personal y que ciertamente nos deja pensando,  frente a una situación que debiéramos analizar profundamente desde cada costado, ya que revela conductas y sentimientos dejando al desnudo las diferentes calidades del ser humano. Desde el amor hasta la indiferencia, pasando por todos los estados de la emoción y de la conducta. Sibaris. 

La vieja atorranta 

    Hace muchos años, cuando era psicólogo muy joven, trabajé en algunos geriátricos. (...) Muchos de ustedes trabajarán o habrán trabajado en alguna institución, y sabrán que lo que tiene que hacer todo el que trabaja en un establecimiento al ingresar es ir a la cocina, porque  la cocinera es la que está al tanto de todo lo que pasa. Más que los médicos incluso.

    Llegué, entonces, una mañana, me dirigí a la cocina y, como era habitual, le pregunté a la cocinera.
-¿Y, Betty, alguna novedad?
-Sí, doctor- me llamó así aunque soy licenciado-. ¿Ya vio a la vieja atorranta?
-No - le dije asombrado-. ¿Entró una abuela nueva?
-Sí, una viejita picarona.

    Me quedé tomando unos mates con ella y no volví a tocar el tema hasta que entró la enfermera y me dijo:
-Gaby, ¿ya viste a la atorranta?
-No -le respondí.
-Tenés que verla. Se llama Ana.

    Lo primero que me llamó la atención fue que utilizara, para referirse a ella, el mismo término que había usado la cocinera: atorranta. Pero lo cierto es que habían conseguido despertar mi interés por conocerla. De modo que hice mi recorrida  habitual por el geriátrico y dejé para el final la visita a la habitación en la que estaba Ana.

    En esa hora yo me había estado preguntando de dónde vendría el mote de vieja atorranta. Supuse que, seguramente, debía ser una mujer que cuando joven habría trabajado en un cabaret, o que tendría alguna historia picaresca. Pero no era así.

    Cuando entré en su habitación me encontré con una abuela que estaba muy deprimida y que casi no podía hablar a causa de la tristeza. Su imagen no podía estar más lejos de la de una vieja atorranta. Me acerqué a ella, me presenté y le pregunté: -Abuela, ¿qué le pasa? Pero ella no quiso hablar demasiado; apenas si me respondió algunas preguntas por una cuestión de educación. Pero un analista sabe que esto puede ser así, que a veces es necesario tiempo para establecer el vínculo que el paciente necesita para poder hablar. Y me dispuse a darle ese tiempo. De modo que la visitaba cada vez que iba y me quedaba en silencio a su lado. A veces le canturreaba algún tango. Y, allá como a la séptima u octava de mis visitas la abuela habló: 
-Doctor, yo le voy a contar mi historia.

Y me contó que ella se había casado, como se acostumbraba en su época, siendo muy jovencita, a los 16 años con un hombre que le llevaba cinco. Yo la escuchaba con profunda atención. 

-¿Sabe? -me miró como avisándome que iba a hacerme una confesión-, yo me casé con el único hombre que quise en mi vida, con el único hombre que deseé en mi vida, con el único hombre que me tocó en mi vida y es el hombre al que amo y con el que quiero estar. 

    Me contó que su esposo estaba vivo, que ella tenía ochenta y seis años y él noventa y uno y que, como estaban muy grandes, a la familia le pareció que era un riesgo que estuvieran solos y entonces decidieron internarlos en un geriátrico. Pero como no encontraron cupo en un hogar mixto, la internaron a ella en el que yo trabajaba, y a él en otro. Ella en provincia y él en Capital.

    Es decir que, después de setenta años de estar juntos los habían separado. Lo que no habían podido hacer ni los celos, ni la infidelidad, ni la violencia, lo había hecho la familia. Y ese viejito, con sus noventa y un años, todos los días se hacía llevar por un pariente, un amigo o un remise en el horario de visita, para ver a su mujer.

    Yo los veía agarraditos de la mano, en la sala de estar o en el jardín, mientras él le acariciaba la cabeza y la miraba. Y cuando se tenían que separar, la escena era desgarradora. 

    ¿Y de dónde venía el apodo de vieja atorranta? Venía del hecho de que, como el esposo iba todos los días a verla, ella le había pedido autorización a las autoridades del geriátrico para ver si, al menos una o dos veces por semana, los dejaban dormir la siesta juntos. Y entonces, ellos dijeron: -Ah, bueno... mirá vos la vieja atorranta.

    Cuando la abuela me contó esto, estaba muy angustiada y un poco avergonzada. Pero lo que más me conmovió fue cuando me dijo, agachando la cabeza: 
-Doctor, ¿qué vamos a hacer de malo a esta edad? Yo lo único que quiero es volver a poner la cabeza en el hombro de mi viejito y que me acaricie el pelo y la espalda, como hizo siempre. ¿Qué miedo tienen? Si ya no podemos hacer nada de malo.

    Conteniendo la emoción, le apreté la mano y le pedí que me mirara. Y entonces le dije:

-Ana, lo que usted quiere es hacer el amor con su esposo. Y no me venga con eso de que ¿qué van a hacer de malo? Porque es maravilloso que usted, setenta años después, siga teniendo las mismas ganas de besar a ese hombre, de tocarlo, de acostarse con él y que él también la desee a usted de esa manera. Y esas caricias, y su cara sobre la piel de sus hombros, es el modo que encontraron de seguir haciéndolo a esta edad. Pero déjeme decirle algo, Ana: ése es su derecho, hágalo valer. Pida, insista, moleste hasta conseguirlo. Y la abuela molestó. Recuerdo que el director del geriátrico me llamó a su oficina para preguntarme: -¿Qué le dijiste a la vieja?
-Nada- le dije haciéndome el desentendido- ¿Por qué? 

    La cuestión fue que con la asistente social del hogar en el que estaba su esposo, nos propusimos encontrar un geriátrico mixto para que estuvieran juntos. Corríamos contra reloj y lo sabíamos. Tardamos cuatro meses en encontrar uno. Sé que, dicho así, parece poco tiempo. Pero cuatro meses cuando alguien tiene más de noventa años, podía ser la diferencia entre la vida y la muerte. Además ella estaba cada vez más deprimida y yo tenía mucho miedo de que no llegara. Pero llegó.

    Y el día en el que se iba de nuestro geriátrico fui muy temprano para saludarla, y e cuanto llegué, la cocinera me salió al cruce y me dijo: -No sabés. Desde las seis de la mañana que la vieja está con la valija lista al lado de la puerta. -Yo me reí.

    Entonces fui a verla y le dije: -Anita, se me va. Y ella me miró emocionada y me respondió: -Sí doctor... Me vuelvo  a vivir con mi viejito. -Y se echó en mis brazos llorando.
-Ana- le dije- Nunca me voy a olvidar de usted. Y como habrán visto, no le mentí.   

Jamás me olvidé de ella, porque aprendí a quererla y respetarla por su lucha, por la valentía con la que defendió su deseo y porque gracias a esa vieja atorranta, pude comprobar que todo lo que había estudiado y en lo que creía, era cierto: que es verdad que la sexualidad nos acompaña hasta el último día y que se puede pelear por lo que se quiere aunque se deje la vida en el intento. Y además, porque la abuela me dejó la sensación de que, a pesar de todas las dificultades, cuando alguien quiere sanamente y sus sentimientos son nobles, puede ser que enamorarse sea realmente algo maravilloso y que el amor y el deseo puedan caminar juntos para siempre.          





martes, 25 de septiembre de 2012

Fantasmas en la oscuridad.


Alcides, con actitud de rezongo, cerró su laptop y la guardó cuidadosamente en la mesita de luz de su cuarto, tras la orden de la enfermera a cargo del turno de la noche, murmurándole que era uno de los internos privilegiados en la casa de reposo de ancianos.

Durante sus últimos quince años anteriores a su retiro jubilatorio, se había desempeñado como asistente personal de Jonás Santamarina, un famoso y reconocido director cinematográfico contemporáneo, a quien admiraba con una buena dosis de envidia por su talento, sus éxitos, su gran creatividad y por sobre todas las cosas, por la gran fortuna que el joven director supo amasar en tan pocos años.

Alcides fue la sombra de Jonás, fueron quince años de convivencia permanente, desde que se despertaban hasta que se dormían, le conocía profundamente, sus gustos sobre comidas, bebidas, literatura, música; conocía cada uno de sus pensamientos. Jonás era único hijo de una familia de clase media acomodada, casado con Juliana, hermosa mujer como pocas, hacían un bella pareja, tuvieron un hijo, Francisco un hermoso retoño de 3 años al cual Alcides muchas de sus tardes ha tenido que cuidar.

En cambio Alcides provenía de una familia humilde, era el menor de ocho hermanos, su madre dedicó su vida a la crianza de sus hijos en la precaria vivienda que alquilaban en el barrio porteño de Barracas y su padre trabajaba en el puerto por un magro salario y pese a ello era afecto a la bebida, vicio que heredó de su padre, sin embargo nunca tuvo una pareja estable, estaba condenado a la soledad y esa condición lo había resentido mucho.

Jonás siempre le concedió a su viejo empleado todas las libertades, pues éste entraba y salía de la casa a gusto, hasta incluso podía usar algunos de sus automóviles, pues volver a altas horas de la noche del microcentro a La Horqueta era casi imposible.
En muchas oportunidades, el viejo, solía salir de putas y enmascarado con la personalidad de su amo, conquistaba y seducía a cuanta señorita de la noche se le cruzara prometiéndoles algún rol en alguna película. Había conquistado mucha gente de esa manera, hombres y mujeres caían en su trampa como moscas en la miel, pero hábilmente tomaba distancia cuando se sentía acorralado.

Como el sexo pago le estaba destrozando el presupuesto y su grado de locura iba in-crescendo día a día, no escatimó esfuerzos en desplegar todas sus armas con otro tipo de mujeres, tal vez ávidas de afecto o reconocimiento, el viejo tenía olfato para elegir a sus víctimas.

Su vida comenzaba a desbarrancarse cuando una de sus mujeres engañadas se presentó en el estudio cinematográfico, preguntando por el director para reclamarle por un prometido papel que interpretaría en una de sus películas, Jonás no dudó en atenderla, pero la muchacha insistía en hablar con el director, intentó tranquilizarla y adivinando de qué se trataba, le explicó que él era el director y que le pedía disculpas por haber sido engañada en su nombre.

Al regresar a su casa, Jonás no dudó un solo minuto en despedir a ese viejo loco en quien había confiado en tantos años y sabiendo que el pobre hombre no tendría donde colocar sus huesos se ocupó de buscar un geriátrico para su retiro, aunque bien pensó que debería ser internado en un hospital psiquiátrico.

Para Alcides ya no había diferencia entre aquella vida y ésta que comenzaba, todo le daba igual, pasaba todas las horas del día conectado a Internet husmeando por las redes sociales, provocando escándalos en algunos sitios interactivos y en nombre de Santamarina continuaba buscando víctimas virtuales.



sábado, 15 de septiembre de 2012

Contrato vencido



Despertó en la mañana y se encontró en un ámbito completamente diferente, miró hacia su alrededor muy detenidamente y nada encontraba familiar, ¡dónde estaría? María del Carmen no podía recobrar la conciencia, había mucha confusión en su cabeza, todo le daba vueltas, estaba muy aturdida, intentó moverse pero su cuerpo no le respondía del todo.Una figura femenina, vestida con pantalón y casaca celeste se acercó hasta su cama, le tomó la mano, tocó su frente y le dijo que era la Dra. Ugarte quien la había recibido en este sanatorio la noche anterior, internada por sus sobrinos. María del Carmen se encontraba en terapia intensiva donde ya le habían practicado un lavaje de estómago y la estaban rehabilitando, aparentemente por un intento de suicidio que confirma a la sobredosis de pastillas para dormir que había ingerido.....

Para ocupar el cargo de secretaria ejecutiva de la presidencia, Roberto el presidente de la compañía entrevistaba a las postulantes ternadas, ya debidamente filtradas por el gerente de recursos humanos. María del Carmen rogaba ser la última entrevistada, sin embargo fue la primera y Roberto supo desde ese momento que sería ella quien ocuparía el cargo de secretaria privada.
La alta eficiencia, la pasión que volcaba en sus labores, la cantidad de idiomas que dominaba, sumados a la facilidad innata que poseía para relacionarse con las personas, la formación y la experiencia hicieron de ella una valiosa artista en el campo de las relaciones empresariales internacionales, su gran estilo, su cultura e inteligencia fueron las condiciones que la condujeran al éxito.

Una mañana otoñal Roberto se aproximó al despacho de María del Carmen y le pidió que hiciera dos reservas de pasajes y hotel destino Riyadh, Arabia Saudita, ella pensó que iría con el gerente general de la compañía, pero él le dijo que ella sería quien lo acompañaría, pues nadie la podía igualar en cuanto a interpretación, no sólo respecto a los idiomas, sino que también en lo referente a preferencias, gustos y costumbres.

El avión había aterrizado en el aeropuerto internacional Rey Khalid; ya en el salón de migraciones  María del Carmen se atrevió a dirigirle la palabra a un funcionario, pues Roberto sólo hablaba castellano y al advertir que este hombre la ignoraba por su condición femenina, ella insistió en retomar el diálogo con aquel funcionario árabe, siempre mediante el idioma inglés, el resultado  fue el maltrato verbal propinado por ese sujeto y en su idioma. 
Luego de asimilar las costumbres de Oriente Medio, María se limitó a murmurar al oído de Roberto lo que debía decir y él repetía  lo que captaba. Aún cuando explicaron que era la única intérprete, milagrosamente se salvó de quedar detenida. Allí mismo pasaron por la rentadora de autos, recogieron el vehículo alquilado para esos días y marcharon rumbo al hotel Al Faisaliah donde tenían sus reservas.

Tal vez lo exótico del escenario y en el misticismo la cultura medio-oriental contribuyeron a un acercamiento personal entre ambos, que sin dudas disfrutaban. Luego de cenar en el hotel, pasaron a un salón contiguo apto bailar y beber lo que desearan. Estaban muy motivados y no resistieron la tentación de bailar abrazados al compás de "Preludio a un beso" y el roce de sus cuerpos los llevó a besarse intensamente.

Esa noche hicieron el amor sin restricciones, se regalaron lo mejor de cada uno, besos, caricias y un sexo maravilloso que los condujo al éxtasis sin miedos ni prejuicios.
Roberto, ya con cuarenta años, tenía esposa y dos hijos en avanzada adolescencia, en cambio María del Carmen era soltera, con sus escasos veinticinco años no había pensado en casarse,estaba bien así, mucho de lo que ganaba trabajando lo gastaba en sus dos sobrinos a los que amaba profundamente.

La reunión tuvo lugar en los salones del mismo hotel, donde allí mismo celebraron el convenio entre ambas empresas. Al día siguiente tomaron el vuelo de la compañía francesa que los regresaría a Buenos Aires.
Por más de un año fueron amantes y esa situación se tornaba insostenible para ambos,Roberto deseaba tenerla a tiempo completo, pero había que tomar decisiones. Se divorció pacíficamente, dándole a su ex esposa una buena indemnización, la propiedad en donde vivían y también le dejó su auto.

María del Carmen ya casada legalmente con Roberto dejó previamente su trabajo para cumplir otras funciones como esposa de tan alto empresario. Bangladesh, Kuala Lumpur, Hyderabad, Tokio eran sus destinos preferidos, adoraba la cultura oriental y cada año visitaba una ciudad diferente. María y Roberto no tuvieron hijos pero pasaron quince años juntos muy felices en apariencia, pues jamás sospechó que su marido hacía dos años tenía una joven amante menor que los hijos de su primer matrimonio.

El comunicado de la noticia la perturbó casi al borde de la locura, el escándalo trascendió a los medios de comunicación cuando María le niega el divorcio. Roberto la obliga a dejar la casa y sólo le permite llevarse su auto y su vestuario. La fortuna de Roberto era básicamente intocable, pues todos sus bienes estaban a nombre de terceros o pertenecían a sociedades anónimas constituidas para tal fin, nada pudo hacer la justicia al respecto.

En un estado lamentable llegó a casa de sus sobrinos, donde encontró contención y algo de calma, la acompañaron a uno de los dormitorios y la ayudaron a recostarse, cuando estuvo en soledad, obligada por sus impulsos, abrió su cartera y tomó la cajita de pastillas para dormir e ingirió una buena cantidad.



domingo, 9 de septiembre de 2012

Cuerpo mortal.


"Cuerpo mortal" es el título de un libro cuya autora Ana Costa-Alongi, argentina, radicada en California desde varios años y amiga entrañable de mi familia, escribió tras una ardua investigación del tema que lo convoca, dentro de un marco filosófico orientada hacia el conocimiento de la propia persona.

En esta obra, la autora, recrea la vida de un personaje imaginario, en el apogeo del Imperio Romano, una época perfectamente delineada, desde lo histórico y lo geográfico, donde sutilmente se conjugan fantasía y sentimientos propios de la naturaleza humana.

El eje principal de esta novela se basa  en la historia de un joven privilegiado, perteneciente a la clase alta de la Roma antigua, cuyo destino deliberadamente planificado por sus progenitores, ha tenido que protagonizar en este entramado círculo, luchas planteadas desde las dificultades que se generan en las distintas clases sociales, transparentando los sentimientos más profundos, en este caso, desencadenantes  de  una serie de conflictos que envuelven al personaje central en situaciones que escapan a la imaginación
.
Quiero destacar, que es un libro de fácil lectura y que su excelente narrativa nos invita a reflexionar sobre nuestros roles protagónicos en la vida, las jugadas que nos propone el destino, nuestra esencia, la materia y el espíritu.






Lucía.

lunes, 27 de agosto de 2012

Odio.


"Cuando odiamos a alguien, odiamos en su imagen algo que está dentro de nosotros". Hermann Hesse. 


He leído y oído a algunos analistas de la conducta humana respaldar el pensamiento del escritor y creo que como emoción tan fuerte debe ser difícil de desterrar una vez que ella se instala dentro de nosotros. Imagino que este profundo sentir debe tener diversas aristas y múltiples motivaciones e indudablemente arrojarán un saldo absolutamente negativo para el manifestante y su círculo. 

Se habla del odio hacia sí mismo, del odio hacia otra persona, del odio a cosas y circunstancias, el odio hacia grupos sociales o comunidades, etc.; también se lo vincula con el amor como polo opuesto, sin embargo no creo que situarlo en contrario al amor sea lo justo, porque tienen mucho en común, son dos sentimientos plenos y fuertes, por tanto no cumplen la figura antagónica, así como el contrario de lleno es vacío, la otra cara del amor es la nada, lo que muchos llamamos “indiferencia” y que es lo que realmente sucede cuando dejamos de amar. 

En muchas oportunidades pensamos que odiamos a nuestros semejantes, porque no compartimos pensamientos o actitudes, como también pensamos que odiamos algunas circunstancias, porque no nos satisface o nos desagrada; pero creo que nos estamos excediendo en nuestra apreciación y tal vez confundimos al odio con “malestar, fastidio, disgusto, etc., que si bien son estados emocionales ligeros, aunque malignos para nosotros mismos, nuestro propio mecanismo de autodefensa hará que se diluyan de alguna manera, devolviéndonos el “primo statu”. 

Sin embargo, me quedó flotando la frase de, Hermann Hesse “…algo que está dentro de nosotros.”, e imagino un virus desencadenante de tal enfermedad destructiva, que evidentemente aquellos que la padecen, deben estar muy predispuestos a ello, tal sería el caso de genocidas, asesinos, golpeadores, etc., que no sólo desean el mal hacia otra u otras personas, sino que lo causan y sin previos ni posteriores cuestionamientos. Ojalá puedan darse cuenta de las grandes pérdidas que ocasiona esa emoción, se pierden afectos, tranquilidad, tiempo, salud física, salud mental y tantas otras cosas que debieran disfrutarse…



Imágen: Odio - Salvador Dalí.